4 tazas harina (que NO contenga agentes fermentantes [levaduras])
2 cucharas llenas de semillas de cilantro molido (también llamado "coriandro")
1 cucharilla rasa de sal
3/4 de taza de aceite de girasol
3/4 taza de agua, agregue más si lo necesita
Herramientas:
horno
molde para el horno
un cuenco grande (para amasar la harina)
un rodillo de amasar
cronómetro o reloj de cocina
batidora, picador de comida, o molinillo de café
Proceso de preparación: desde el primer momento en que se moje la harina hasta que se introduzca en el horno, no deben de transcurrir más de 15 minutos.
1) precalentar el horno a 180 Celcius (centígrados) = 356 grados Fahrenheit
2) unte de aceite el molde.
3) muela el Cilantro en la batidora o molinillo de café.
4) mezcle el cilantro molido y la sal con la harina
5) ponga en marcha el cronómetro
6) agregue el aceite y amáselo con la harina
7) continúe amasando y añadiendo pequeñas porciones de harina hasta que la masa deje de estar pegajosa
8) allane la masa con el rodillo hasta que sea de 1 centímetro de grosor (aproximadamente 1/2 pulgada); déle forma para encajarla en el molde.
9) coloque la masa en el molde y córtela en cuadrados o triángulos
10) colóquela en el horno
11) cocínela durante 15-20 minutos hasta que se tueste (como una galleta)
12) para la próxima hornada limpie completamente todos los utensilios y repita los pasos 1-11
miércoles, 9 de abril de 2008
martes, 29 de enero de 2008
Alma Huesped o Alma secuestrada
Por. Martin de la Torre
Imaginemos:
(1) Un padre que por cuestiones de trabajo necesita emigrar pero no puede llevarse a su pequeño hijo con el. Decide entonces dejarlo encargado con un amigo de confianza. Antes de partir le dice a su hijo que este hombre se va a hacer cargo de el como si fuera su padre, y a su amigo le pide que cualquier cosa que necesite se lo solicite y de inmediato se lo hará llegar.
(2) Un muchacho está estudiando en otro país, y se hospeda con una persona ambiciosa que engaña al padre sobre el cuidado de su hijo. Le trata mal, lo humilla, lo tiene de cierta manera secuestrado ya que por el obtiene favores de su padre.
Que sentimientos tendrán cada uno de ellos, que sentimientos tendrán sus padres y que sentirán los dueños de la casa?.
A cada ser humano le es proporcionada un alma por parte del Creador y según nuestro comportamiento en este mundo es como nuestra alma se va a sentir en el transitar de nuestra existencia.
Si la tratamos como a el niño o como a el muchacho, si la tenemos como un huesped en nuestro cuerpo o si la tenemos secuestrada para nuestros intereses.
El padre de esa alma es D-os y nosotros somos los dueños de la casa donde va a vivir; a diferencia del cuerpo, el alma tiene otro tipo de necesidades, sus necesidades son espirituales que la nutren y la hacen crecer.
El alma recibe cobijo cuando el cuerpo es respetado, educación cuando estudia la palabra de D-os, alimento cuando procura santidad, vestido cuando hace oración, amor cuando está en arrepentimiento y riqueza cuando hace caridad. Y eso se lo damos a nuestra alma cada día, cada minuto… o se lo negamos.
Imaginemos nuevamente:
(1). El amigo que cuida al niño puede pedirle a su padre lo necesario sin dudar que le será negado, porque le solicita lo justo y sólo en caso de que realmente lo necesite. El niño se siente como en su casa, y cuando regrese con su padre, éste se sentirá orgulloso de su hijo y de su amigo.
(2). La humillación, el hambre y el dolor que siente el muchacho durante el tiempo que está alejado de su padre; la codicia y la maldad del casero, su desverguenza de pedirle, de exigirle, al padre todo lo que pueda imaginar y la decepción y la impotencia del padre cuando reciba entre sus brazos a su tesoro, despreciado y maltratado por aquel hombre.
Cuando tenemos de huesped al alma, el Creador no permite que falte nada para nuestro sustento, el desea que la tratemos bien. Por otra parte, el que tiene secuestrada al alma no tiene temor de D-os, sin miramientos exige y exige hasta cumplir sus deseos, pero algo es seguro con el, que todo lo que logra no tiene verdadero valor por que no es duradero.
Explican nuestros sabios que el alma posee infinitas profundidades esperando ser elevadas y manifestadas en la superficie, La tarea de cada alma es el servicio espiritual al Creador. La Torá nos enseña con el ejemplo de nuestros patriarcas, muestra de ello es Itzak al que en el transcurso de su vida cavó tres pozos y cada pozo se compara con un nivel del alma.
El primer pozo le llamó ESEK que significa conflicto y al segundo SITNÁ que significa odio porque los cavó en lugares que crearon controversia por la propiedad, el tercero lo cavó en un área sin conflictos y por eso lo nombró REJOVOT que significa amplitud infinita.
ESEK el nivel del comportamiento. En cada nivel el alma muestra atributos, los atributos en este nivel son confianza, sinceridad y veracidad, estas cualidades se adquieren por nacimiento son características innatas que afloran naturalmente con la acción, (cuando conocemos a una persona de inmediato le otorgamos una confianza, y depositamos en ella nuestra credibilidad). El primer pozo estaba rodeado de controversia, esto en el alma se entiende como que está vulnerable a la mala inclinación. Es por ello que es tan facil perder la confianza cuando dejamos de ser sinceros y no cumplimos nuestra palabra cuando la empeñamos.
SITNÁ el nivel emotivo del alma. Los atributos del alma en este nivel son el amor, el temor y la compasión, aqui las emociones reales penetran al alma, y como en el primer pozo, también estuvo rodeado de controversia; nuestra alma esta expuesta a las emociones negativas, estas experiencias son las que nos pueden hacer crecer o caer.
REJOVOT, el nivel intelectual del alma. Los atributos en este nivel son: la sabiduría, el entendimiento y la comprensión. Estas características, a diferencia de las anteriores, no estan rodeadas de controversia, porque el tercer pozo fué cavado en tierra sin problemas. Cuando ejercitamos estos atributos, el nivel del alma intelectual trasciende la vulnerabilidad y se refuerza contra el instinto negativo, la mala inclinación.
Quiera D-os que nos otorgue la fortaleza para corregir nuestros pasos y aceptar nuestro compromiso con nuestra alma y asi poder obtener meritos que nos valgan al momento de rendir cuentas con el Creador.
Imaginemos:
(1) Un padre que por cuestiones de trabajo necesita emigrar pero no puede llevarse a su pequeño hijo con el. Decide entonces dejarlo encargado con un amigo de confianza. Antes de partir le dice a su hijo que este hombre se va a hacer cargo de el como si fuera su padre, y a su amigo le pide que cualquier cosa que necesite se lo solicite y de inmediato se lo hará llegar.
(2) Un muchacho está estudiando en otro país, y se hospeda con una persona ambiciosa que engaña al padre sobre el cuidado de su hijo. Le trata mal, lo humilla, lo tiene de cierta manera secuestrado ya que por el obtiene favores de su padre.
Que sentimientos tendrán cada uno de ellos, que sentimientos tendrán sus padres y que sentirán los dueños de la casa?.
A cada ser humano le es proporcionada un alma por parte del Creador y según nuestro comportamiento en este mundo es como nuestra alma se va a sentir en el transitar de nuestra existencia.
Si la tratamos como a el niño o como a el muchacho, si la tenemos como un huesped en nuestro cuerpo o si la tenemos secuestrada para nuestros intereses.
El padre de esa alma es D-os y nosotros somos los dueños de la casa donde va a vivir; a diferencia del cuerpo, el alma tiene otro tipo de necesidades, sus necesidades son espirituales que la nutren y la hacen crecer.
El alma recibe cobijo cuando el cuerpo es respetado, educación cuando estudia la palabra de D-os, alimento cuando procura santidad, vestido cuando hace oración, amor cuando está en arrepentimiento y riqueza cuando hace caridad. Y eso se lo damos a nuestra alma cada día, cada minuto… o se lo negamos.
Imaginemos nuevamente:
(1). El amigo que cuida al niño puede pedirle a su padre lo necesario sin dudar que le será negado, porque le solicita lo justo y sólo en caso de que realmente lo necesite. El niño se siente como en su casa, y cuando regrese con su padre, éste se sentirá orgulloso de su hijo y de su amigo.
(2). La humillación, el hambre y el dolor que siente el muchacho durante el tiempo que está alejado de su padre; la codicia y la maldad del casero, su desverguenza de pedirle, de exigirle, al padre todo lo que pueda imaginar y la decepción y la impotencia del padre cuando reciba entre sus brazos a su tesoro, despreciado y maltratado por aquel hombre.
Cuando tenemos de huesped al alma, el Creador no permite que falte nada para nuestro sustento, el desea que la tratemos bien. Por otra parte, el que tiene secuestrada al alma no tiene temor de D-os, sin miramientos exige y exige hasta cumplir sus deseos, pero algo es seguro con el, que todo lo que logra no tiene verdadero valor por que no es duradero.
Explican nuestros sabios que el alma posee infinitas profundidades esperando ser elevadas y manifestadas en la superficie, La tarea de cada alma es el servicio espiritual al Creador. La Torá nos enseña con el ejemplo de nuestros patriarcas, muestra de ello es Itzak al que en el transcurso de su vida cavó tres pozos y cada pozo se compara con un nivel del alma.
El primer pozo le llamó ESEK que significa conflicto y al segundo SITNÁ que significa odio porque los cavó en lugares que crearon controversia por la propiedad, el tercero lo cavó en un área sin conflictos y por eso lo nombró REJOVOT que significa amplitud infinita.
ESEK el nivel del comportamiento. En cada nivel el alma muestra atributos, los atributos en este nivel son confianza, sinceridad y veracidad, estas cualidades se adquieren por nacimiento son características innatas que afloran naturalmente con la acción, (cuando conocemos a una persona de inmediato le otorgamos una confianza, y depositamos en ella nuestra credibilidad). El primer pozo estaba rodeado de controversia, esto en el alma se entiende como que está vulnerable a la mala inclinación. Es por ello que es tan facil perder la confianza cuando dejamos de ser sinceros y no cumplimos nuestra palabra cuando la empeñamos.
SITNÁ el nivel emotivo del alma. Los atributos del alma en este nivel son el amor, el temor y la compasión, aqui las emociones reales penetran al alma, y como en el primer pozo, también estuvo rodeado de controversia; nuestra alma esta expuesta a las emociones negativas, estas experiencias son las que nos pueden hacer crecer o caer.
REJOVOT, el nivel intelectual del alma. Los atributos en este nivel son: la sabiduría, el entendimiento y la comprensión. Estas características, a diferencia de las anteriores, no estan rodeadas de controversia, porque el tercer pozo fué cavado en tierra sin problemas. Cuando ejercitamos estos atributos, el nivel del alma intelectual trasciende la vulnerabilidad y se refuerza contra el instinto negativo, la mala inclinación.
Quiera D-os que nos otorgue la fortaleza para corregir nuestros pasos y aceptar nuestro compromiso con nuestra alma y asi poder obtener meritos que nos valgan al momento de rendir cuentas con el Creador.
viernes, 25 de enero de 2008
Parasha Yitró
LA ARMONÍA EN EL HOGAR
Por. Rab Amram Anidjar
En nuestra Parashá vemos cómo Yitró se incorporó al pueblo de Israel y pasó a formar parte de él. Al transcurrir el tiempo, Yitró observó que Moshé, su yerno, se estaba encargando de todos los juicios: Juicios de dinero entre compañeros, problemas de armonía en el hogar entre marido y mujer, consultas privadas de las personas, etc.
Propuso una solución para la gran carga que tenía Moshé sobre sus hombros: implantar jueces encargados de diez personas, de cincuenta, de cien y de mil, para que así, estuviera todo mejor organizado y no hubiera tanta aglomeración de personas diariamente en la carpa de Moshé.
Nuestros comentaristas preguntaron: ¿Acaso una idea tan sencilla como esta, Moshé Rabenu no la pudo proponer? ¿Por qué nadie del pueblo de Israel propuso esa idea? ¿Por qué Dios no le ordenó a Moshé juzgar de esta manera?
La respuesta es muy interesante. Explican Jajamim que, en verdad, todos querían ese nuevo sistema de justicia. Es decir, Moshé lo quería porque eso implicaría menos peso sobre sus hombros. El pueblo también lo quería de esa forma, para no estar esperando tanto tiempo hasta que le tocara su turno. Los alumnos de Moshé quisieron ser los jueces del pueblo y así también lo quiso Dios.
Pero nadie se atrevía a proponerlo por temor a ser mal interpretado por los demás. Dios no lo propuso para que Moshé no se sintiera despreciado. Moshé no lo propuso para que no pensaran que lo hacia por pereza. Los alumnos de Moshé no lo propusieron para que no dijeran que lo que buscaban era el honor de ser jueces. El pueblo no lo propuso para que Moshé no se sintiera despreciado.
En pocas palabras, todos querían y nadie hablaba. Hasta que vino Yitró, una persona extranjera, sin intenciones ocultas que ve lo que todos quieren y que nadie habla. Entonces funge como mediador y beneficia a Dios, a Moshé, a los jueces y al pueblo.
Yitró siempre se destacó por ser conciliador entre las personas; por eso cuando vinieron sus hijas a contarle acerca de un hebreo (Moshé) que las ayudó en el pozo de agua para dar de beber a su ganado, haciendo paz entre todos, Yitró se emocionó y quiso conocer a ese hebreo que se destacaba con esa buena cualidad de conciliador como él, y hasta le ofreció a Moshé casarse con una de sus hijas.
Otra hija de Yitró se casó con un hijo de Aharón, quien dedicó su vida a la unión del pueblo. Aharon amaba y perseguía la paz. Amaba a las personas y las acercaba a la Torá. Cuando dos personas peleaban, iba Aharón y le decía a uno de ellos que el otro estaba muy triste por lo ocurrido pero le daba vergüenza pedir disculpas. Después iba al otro y le decía lo mismo. Cuando se encontraban se abrazaban y se pedían perdón mutuamente, consiguiendo así la paz entre ellos.
Así es que no es de extrañar que de dos abuelos como Aharon y Yitró saliera Pinjás, un hombre que sirvió muchas veces de puente, de mediador entre dos o más personas. Como nos lo relata el libro de Yehoshua ( ), que una vez conquistada la tierra prometida, nueve tribus y media se quedaron en el territorio ubicado del otro lado del río Yardén y dos tribus y media se quedaron sin atravesar el río. Estas dos tribus y medias decidieron levantar un altar en su territorio, pero las demás tribus, cuando se enteraron de los planes de las otras, quisieron hacer una guerra contra ellas, pensando que ese altar era para hacer idolatría. Hasta que vino Pinjás, en el último momento antes de empezar el ataque, averiguó y se dio cuenta de que ese altar había sido erigido para agradecer a Dios por el gran triunfo obtenido en la conquista de Eretz Israel. Así se evitó una gran guerra, que quién sabe lo que hubiese ocurrido en ella.
Diariamente nos encontramos rodeados de personas, amigos, familiares, pareja, padres e hijos. Cuando haya algún tipo de desacuerdo entre ellos, debemos intentar ser como Yitró, como Moshé, como Aharón y como Pinjás para lograr una reconciliación absoluta. Inclusive podemos servir como puente para lograr unir a un jovén con una jovén, conseguir que se conozcan y salgan, para que a la larga se casen.
No podemos permitirnos observar las peleas de las demás personas, verlos desunidos, divorciados, etc., sin ni siquiera intervenir para ayudarlos, buscando las palabras adecuadas que suavicen el roce existente y que los reúna nuevamente, bien sea entre dos amigos, dos socios o inclusive entre marido y mujer.
Aharón siempre se preocupó por unir a dos personas. Yitró se esmeró en unir al pueblo con sus líderes. Moshé se preocupó por conectar al pueblo y a sus líderes, con Dios. Así también nosotros debemos servir como puentes y mediadores entre todo el pueblo de Israel, sus líderes y sus rabinos, para que así seamos una nación sin grietas y fuerte.
Cada uno de nosotros se puede destacar en un campo diferente; uno se puede destacar en unir a una pareja en proceso de separación, otro se puede encargar de arreglar un pleito económico entre dos socios, alguien más se puede encargar de servir como puente entre las personas y Dios, dando clases de Torá, o unir a un soltero con una soltera. Todo lo que sea unión es muy positivo. Debemos analizarnos a nosotros mismos y fijarnos en qué campo nos resulta más fácil y en ese empezar a actuar. Somos como un rompecabezas al que cuando sus piezas están separadas no se le ve ninguna gracia, pero cuando se unen, empezamos a ver la imágen tan bonita que hay en él. Am Israel todos unidos.
“Que sea la voluntad de Dios que nos ayude a lograr esa unión tan deseada, que podamos evitar divorcios, que padres e hijos se sientan juntos, y que entre todos reine la paz. Amén.”
Por. Rab Amram Anidjar
En nuestra Parashá vemos cómo Yitró se incorporó al pueblo de Israel y pasó a formar parte de él. Al transcurrir el tiempo, Yitró observó que Moshé, su yerno, se estaba encargando de todos los juicios: Juicios de dinero entre compañeros, problemas de armonía en el hogar entre marido y mujer, consultas privadas de las personas, etc.
Propuso una solución para la gran carga que tenía Moshé sobre sus hombros: implantar jueces encargados de diez personas, de cincuenta, de cien y de mil, para que así, estuviera todo mejor organizado y no hubiera tanta aglomeración de personas diariamente en la carpa de Moshé.
Nuestros comentaristas preguntaron: ¿Acaso una idea tan sencilla como esta, Moshé Rabenu no la pudo proponer? ¿Por qué nadie del pueblo de Israel propuso esa idea? ¿Por qué Dios no le ordenó a Moshé juzgar de esta manera?
La respuesta es muy interesante. Explican Jajamim que, en verdad, todos querían ese nuevo sistema de justicia. Es decir, Moshé lo quería porque eso implicaría menos peso sobre sus hombros. El pueblo también lo quería de esa forma, para no estar esperando tanto tiempo hasta que le tocara su turno. Los alumnos de Moshé quisieron ser los jueces del pueblo y así también lo quiso Dios.
Pero nadie se atrevía a proponerlo por temor a ser mal interpretado por los demás. Dios no lo propuso para que Moshé no se sintiera despreciado. Moshé no lo propuso para que no pensaran que lo hacia por pereza. Los alumnos de Moshé no lo propusieron para que no dijeran que lo que buscaban era el honor de ser jueces. El pueblo no lo propuso para que Moshé no se sintiera despreciado.
En pocas palabras, todos querían y nadie hablaba. Hasta que vino Yitró, una persona extranjera, sin intenciones ocultas que ve lo que todos quieren y que nadie habla. Entonces funge como mediador y beneficia a Dios, a Moshé, a los jueces y al pueblo.
Yitró siempre se destacó por ser conciliador entre las personas; por eso cuando vinieron sus hijas a contarle acerca de un hebreo (Moshé) que las ayudó en el pozo de agua para dar de beber a su ganado, haciendo paz entre todos, Yitró se emocionó y quiso conocer a ese hebreo que se destacaba con esa buena cualidad de conciliador como él, y hasta le ofreció a Moshé casarse con una de sus hijas.
Otra hija de Yitró se casó con un hijo de Aharón, quien dedicó su vida a la unión del pueblo. Aharon amaba y perseguía la paz. Amaba a las personas y las acercaba a la Torá. Cuando dos personas peleaban, iba Aharón y le decía a uno de ellos que el otro estaba muy triste por lo ocurrido pero le daba vergüenza pedir disculpas. Después iba al otro y le decía lo mismo. Cuando se encontraban se abrazaban y se pedían perdón mutuamente, consiguiendo así la paz entre ellos.
Así es que no es de extrañar que de dos abuelos como Aharon y Yitró saliera Pinjás, un hombre que sirvió muchas veces de puente, de mediador entre dos o más personas. Como nos lo relata el libro de Yehoshua ( ), que una vez conquistada la tierra prometida, nueve tribus y media se quedaron en el territorio ubicado del otro lado del río Yardén y dos tribus y media se quedaron sin atravesar el río. Estas dos tribus y medias decidieron levantar un altar en su territorio, pero las demás tribus, cuando se enteraron de los planes de las otras, quisieron hacer una guerra contra ellas, pensando que ese altar era para hacer idolatría. Hasta que vino Pinjás, en el último momento antes de empezar el ataque, averiguó y se dio cuenta de que ese altar había sido erigido para agradecer a Dios por el gran triunfo obtenido en la conquista de Eretz Israel. Así se evitó una gran guerra, que quién sabe lo que hubiese ocurrido en ella.
Diariamente nos encontramos rodeados de personas, amigos, familiares, pareja, padres e hijos. Cuando haya algún tipo de desacuerdo entre ellos, debemos intentar ser como Yitró, como Moshé, como Aharón y como Pinjás para lograr una reconciliación absoluta. Inclusive podemos servir como puente para lograr unir a un jovén con una jovén, conseguir que se conozcan y salgan, para que a la larga se casen.
No podemos permitirnos observar las peleas de las demás personas, verlos desunidos, divorciados, etc., sin ni siquiera intervenir para ayudarlos, buscando las palabras adecuadas que suavicen el roce existente y que los reúna nuevamente, bien sea entre dos amigos, dos socios o inclusive entre marido y mujer.
Aharón siempre se preocupó por unir a dos personas. Yitró se esmeró en unir al pueblo con sus líderes. Moshé se preocupó por conectar al pueblo y a sus líderes, con Dios. Así también nosotros debemos servir como puentes y mediadores entre todo el pueblo de Israel, sus líderes y sus rabinos, para que así seamos una nación sin grietas y fuerte.
Cada uno de nosotros se puede destacar en un campo diferente; uno se puede destacar en unir a una pareja en proceso de separación, otro se puede encargar de arreglar un pleito económico entre dos socios, alguien más se puede encargar de servir como puente entre las personas y Dios, dando clases de Torá, o unir a un soltero con una soltera. Todo lo que sea unión es muy positivo. Debemos analizarnos a nosotros mismos y fijarnos en qué campo nos resulta más fácil y en ese empezar a actuar. Somos como un rompecabezas al que cuando sus piezas están separadas no se le ve ninguna gracia, pero cuando se unen, empezamos a ver la imágen tan bonita que hay en él. Am Israel todos unidos.
“Que sea la voluntad de Dios que nos ayude a lograr esa unión tan deseada, que podamos evitar divorcios, que padres e hijos se sientan juntos, y que entre todos reine la paz. Amén.”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)