lunes, 12 de noviembre de 2007

Una enseñanza del sabio Hilel

EL SOLIA DECIR: “ ¿SI NO SOY PARA MI, QUIEN ES PARA MI? Y SI SOLO SOY PARA MI, ¿QUE SOY YO? Y SI NO AHORA, ¿CUANDO? ”.

Esta enseñanza puede interpretarse dentro del contexto de la indicación de tratar de acercarse a otro para mejorar su nivel de Torá (mishná 12 y siguiente):

SI NO SOY PARA MI – O sea, si no asumo mi rol en esto en forma personal, ¿Cómo obtendré el merito de ser de los alumnos de Aharon HaKohen, el sumo sacerdote?.

¿QUIÉN ES PARA MI? – Se involucre una persona o no, la tarea que de el se requería se llevara a cabo de todos modos, pues el bien destinado a lograrse en el mundo no disminuirá. No obstante, cuando la persona no contribuye personalmente en la tarea que se le encomendó, ella perderá el merito que le estaba destinado.

(Sijot Shabat Parshat Shemini, 5737)

Y SI SOLO SOY PARA MI – Por el otro lado, aunque la persona se aboque como debe ser a la tarea encomendada – en forma personal, sin delegar en otro que hagan su trabajo – si lo hace “solo por si misma”, basándose únicamente en su propio criterio, sin procurar el consejo y la opinión de otros, entonces…

¿QUÉ – NO QUIEN – SOY YO? – O sea, ¿Cuál es mi capacidad para ello?.

(Sijot Shabat Parshat Shemini, 5737)

Y SI NO AHORA, ¿CUÁNDO? – a pesar de que no se trata de la perfección personal, sino del acercarse a las “criaturas” y enseñarles, algo que es voluntario y a simple vista dependiente de la buena voluntad personal, el hombre debe ser consciente de la urgencia involucrada, y no ha de aplazar sus esfuerzos para con los demás.

(Sijot Shabat Parshat Shemini, 5737)

Tomado del libro En la Sendas de Nuestros padres
Comentarios a Pirké Avot, Adaptado de las Obras del
Lubavitcher Rebe, Rabí Menajem M. Schneerson.


Comentario de Irving M. Bunim

Los aforismos de Hilel adoptaban, a menudo, una forma paradójica. ¿Hasta qué punto está un hombre sujeto a su ego? ¿En qué medida debe una persona preocuparse de su propio bienestar, de sí mismo? Desde cierta perspectiva la cuestión parece absurda. Yo soy yo mismo. Sólo yo puedo experimentarme, conocerme verdaderamente. Por ende, si yo no me ocupo de mí, ¿quién lo hará? La esposa más amante no puede compartir mi dolor, experimentar mis ansiedades, o sufrir mi muerte. Allí donde está involucrada la relación de un hombre con D-s, él debe ocuparse de sí mismo. Los conocimientos de mi padre no pueden reemplazar mi obligación de aprender. Es mi deber decir mis propias plegarias y dar mi propia caridad. Si yo no me ocupo de mí, ¿quién podría hacerlo?

Por otra parte, si te preocupas sólo de ti, ¿qué eres? ¿Puedes ser realmente efectivo, resolver tus propios problemas, vencer tus ansiedades? ¿Puedes hacer todo lo que se supone que debes hacer? Más aún, existe el peligro de concentrarnos demasiado en nosotros mismos, hasta el punto de llegar a preocuparnos solamente de nuestra propia salvación y dejar de velar por el bienestar de los demás. ¿Es mi ego, mi propio ser, tan importante como para preocuparme tanto por él? Se ha dicho, acertadamente, que un hombre replegado en sí mismo hace poco bulto. Hilel expresó esta idea hace más de 2.000 años: si sólo me ocupo de mí, ¿qué soy?"

Hilel expresa aquí dos profundos contrastes del pensamiento judío: la insignificancia del individuo, por una parte, y su valor único, por la otra. Y así leemos: "¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?", y luego: "Pues le has hecho poco menor que los ángeles". El segundo contraste es entre el deber del hombre para consigo mismo y para con su semejante. Hilel indica que no debe tomarse ninguno de estos extremos como la regla. Aceptemos, entonces, ambas caras de la moneda y vivamos y trabajemos con ellas.

Sabemos que el yo es importante: el auto-respeto es fundamental y la autosuficiencia y la independencia son esenciales para la dignidad humana Es esta consideración la que, evidentemente, está implícita en la ley bíblica sobre eved nirtzá. El esclavo judío citaba al servicio de su amo durante seis años y luego era liberado. En este lapso, su dueño podía darle una esposa no judía, y la progenie pertenecería al amo. Si al finalizar el periodo de seis años el esclavo declaraba: "Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no saldré libre", se lo sometía a un ritual en cierta medida degradante, prescrito por la Torá. El esclavo era llevado a la puerta y se le perforaba una de sus orejas, y luego debía continuar sirviendo hasta el año del iovel (jubielo). Pero, ¿en qué consistía su crimen que debía ser tratado así? Ciertamente, su declaración de lealtad estaba cubierta por un manto de amor y de sentido de servicio; ¿por qué perforar su oreja? ¿Y por qué el título oprobioso de eved nirtzá, "el sirviente (con el lóbulo de la oreja) perforado?". Sin embargo, quizá algo andaba radicalmente mal en esa persona ya que al ofrecérsele la libertad prefiere la esclavitud. Hay algo de cobardía y de vergüenza en una elección que prefiere la dependencia a la independencia. "Si yo no me ocupo de mi, ¿quién lo hará?"

Hay aún otro punto al que puede hacer referencia este aserto: Hilel podría estar hablando de la necesidad de que uno se corrija a sí mismo y se auto-critique. Hay ciertas cosas que ni siquiera tu mejor amigo te las dirá. Puede que no te corrija por temor a perder tu amistad, Por ende, "si yo no me ocupo de mí, y no trato de mejorar mi conducta, ¿quién lo hará?" Por otro lado, si sólo me ocupo de mí, si también yo caigo presa de la conspiración del silencio y no corrijo a otros, no estoy cumpliendo con mi deber. Nuestra Torá nos dice: "ingenuamente reprenderás a tu hermano". Si es un verdadero amigo, juzgará beneficiosa tu actitud.

Y si no es ahora, ¿cuándo?

La experiencia humana ha confirmado esta verdad una y otra vez. A través de los siglos, los pensadores perceptivos se han hecho eco de este pensamiento. Willíam Congreve escribió: "No dejes para mañana ser sabio; el sol de la mañana puede no salir par ti". Edward Young aconsejó: "Sé sabio hoy, es de locos postergar. la dilación es la ladrona del tiempo".

En un salmo de Moshé encontramos un pensamiento más profundo aún. Examinemos las palabras: "Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría". ¿Cuál es la forma usual de contar nuestros días? Normalmente decimos, por ejemplo, que un hombre tiene tantos años de edad. ¿Tiene esto realmente una gran significación? ¿Esto nos dice algo de su vida o de su posible proximidad a la muerte?. En verdad, cada minuto vivido en la tierra fue un minuto que lo conducía a la muerte. Supongamos que estás viajando hacia Atlantic City y te encuentras a unas 100 millas de esta cuidad. Después de viajar diez millas, ves un letrero que dice": Atlantic City - 80 millas".

¿Qué método de cómputo es utilizado en este caso?. Ciertamente, no la cantidad de millas recorridas, sino las que quedan por recorrer para llegar a destino. El procedimiento que Moshé sugiere es éste: "Enséñanos a contar nuestros días". No destaque los días que han pasado, pues ya se han ido. Más bien subraya los días que aún te pertenecen, aquellos que tienes por delante.

De poder ajustar verdaderamente nuestro pensamiento a este punto de vista fundamental, estaremos en condiciones de "adquirir un corazón sabio" podremos programar nuestra vida con sensatez. Supongamos que una persona está llegando al final de sus vacaciones y le quedan sólo diez dólares. Si advierte que el costo del viaje de regreso a su hogar es de siete dólares, seguramente reducirá sus gastos y no derrochará en menudencias el dinero que le queda. De manera similar, cuando un hombre toma conciencia de que su tiempo en esta vida es limitado, debe pensar dos veces antes de desperdiciarlo persiguiendo sombras. "Matar el tiempo" es, en verdad, cometer un asesinato. El dinero que se pierde puede ser recuperado, pero nuestros días, una vez que han transcurrido, no habrán de retornar jamás. Al comprender cuán precioso es el tiempo, debemos esforzarnos por administrar nuestros días con frugalidad y sabiduría. En verdad, todo la que el hombre posee es el "ahora". Hay un poema atribuido a Ibn Ezra:

"El pasado ya no está; el futuro aún no a llegado y el presente dura lo que un parpadeo". ¿Por qué, entonces, preocuparnos?" Sí vivimos sólo el presente, procuremos nuestros logros aquí y ahora. "¿Amas la vida?" Preguntó Benjamín Franklin. "Entonces no desperdicies el tiempo, que es la sustancia de la vida". Y aconsejaba: "No dejes parar mañana lo que puedes hacer hoy".

El Jafetz Jaim compara al ser humano corriente en el manejo de su vida con una persona que está de vacaciones, escribiéndole una tarjeta postal a un amigo. En la parte superior va la fecha, la salutación, la introducción formal y, antes de que comience a escribir lo que realmente quería decir, se da cuenta, súbitamente, de que ¡ya no le queda espacio! Ha llegado al final de la tarjeta. Desesperado, comienza a escribir frenéticamente con letra pequeña, sigue al dorso e incluso trata de hacerlo en el margen.

¿No ofrece el hombre la misma imagen patética cuando maneja su vida? En nuestros primeros años "garabateamos" y desperdiciamos mucho tiempo en trivialidades y actividades carentes de una significación duradera. Súbitamente despertamos a la terrible verdad de que la vida es una tarjeta postal con muy poco tiempo y que ni siquiera hemos comenzado a realizar la tarea para la cual fuimos puestos sobre esta tierra.

La Torá nos dice: "...los hijos de Isajar... entendidos en los tiempos" ¿Cómo se manifestaba su "entendimiento? La tradición nos dice que la tribu de Isajar estableció un arreglo con la tribu de Zevulún, que se dedicaba al comercio y mantenía a los eruditos de Isajar quienes dedicaban todo su tiempo a la Torá. Como verdaderos socios, compartían todas las "ganancias": Isajar recibía apoyo material y Zevulún una participación en la mitzvá de estudiar la Torá. Obsérvese, entonces, que debida a que Isajar invertía todo su tiempo solamente en el estudio de la Torá, las Sagradas Escrituras atestiguan que ellos tenían un "entendimiento" del tiempo: comprendían cuán precioso es, y le daban el mejor uso posible.

La Torá ordena. "Delante de las canas te levantarás" en señal de respeto. Algunos comentaristas le dan a este precepto una notable interpretación: "Levántate antes de convertirte en un anciano"- En otras palabras, no esperes hasta tener una edad avanzada parar retornar a la religión. Elévate, asciende en espiritualidad antes de que sobrevenga gradualmente la vejez. No digas: comenzaré a observar el shabat cuando me retire de los negocios; o comenzaré a concurrir a la sinagoga cuando tenga hijos. "Si no es ahora, ¿cuándo?" ¿Cómo puedes estar seguro de que llegarás a ese período de la vida? Y sí llegas, ¿quién te garantiza que harás esas cosas que estás descuidando ahora? Elévate ahora, antes de que los años te conduzcan hacia la vejez y quedes aferrado a tus hábitos.

Nos hemos referido ya al versículo del Salmista: "Tiempo es de hacer, oh Señor, disipado han Tu Ley". Esto puede ser interesado conforme al siguiente pensamiento: Aquellos que afirman que tienen tiempo para actuar por el Señor porque son jóvenes todavía, y que observarán las mitzvot más adelante, rehusando entretanto santificar el presente y el "ahora", están invalidando la Torá a pesar de sus piadosas expectativas".

Hay una interesante enseñanza en el Talmud: "Aquel que responde con toda su energía amén, bendito sea Su gran Nombre, invalida cualquier decreto punitivo que el Cielo pueda haber formulado contra él". Ahora, "con toda su energía" difícilmente signifique con todo el poder de sus pulmones. Lo que se requiere es que sea dicho con toda sinceridad y la mayor devoción.

Como fuere podemos interpretar, conforme a nuestro pensamiento, que "con toda su energía" significa cuando una persona está en la cúspide de sus facultades mentales y físicas. En tanto el Todopoderoso da la bienvenida a los seres humanos de todas las edades y condiciones, el caso del octogenario que no teniendo ya fuerza ni para pecar busca el consuelo de la religión, es muy distinto al del joven universitario de dieciocho años, o al del recién casado de veinticuatro, el hombre de familia de treinta años o el ocupado ejecutivo de negocios de cuarenta y cinco años de edad. Aquel que resuelve santificar el Nombre del Señor en la flor de su vida puede, en verdad, cambiar todo su destino.

Dice el Salmista: "Bienaventurado el hombre que teme al Señor", Y el Talmud interpreta: Bienaventurado aquel que se arrepiente cuando es un hombre, lo cual significa, como explica RASHI, cuando es joven y en la plenitud de sus fuerzas.

Con este mismo concepto, el difunto Rabí de Lubavich, de bendita memoria, esclareció cierta vez la siguiente declaración del Talmud: "Se debe ser escrupuloso en la observancia de la oración de Minjá (de la tarde) porque fue durante su transcurso que el profeta Eliahu obtuvo respuesta" El sabio explicó: "En la mañana siempre puedes tener tiempo para la oración de Shajarit: puedes levantarte media hora más temprano para recitarla y luego ir a negocio. Para la oración del anochecer siempre puedes hacer tiempo: simplemente, te retiras quince minutos más temprano, dejando espacio para Maariv al final del día. Minjá, empero, es un asunto diferente: su tiempo es por la tarde, durante las horas pico del día, justamente en momentos de intensa actividad. Interrumpir la labor del día con el fin de hacer tiempo para la oración de Minja es, en verdad, una gran mitzvá y un signo de profundo compromiso.

El mismo razonamiento puede aplicarse también a las diferentes edades del hombre. Al comienzo y al final de la vida es relativamente fácil inculcar observaciones religiosas. El bebé difícilmente podría "objetar" la circuncisión, y la concurrencia a la escuela es obligatoria. En forma similar, en la vejez hay pocas cosas que se puedan disputar la atención del individuo. Pero en la "tarde", en el "tiempo de Minjá" de la vida -entre los veinte y los cincuenta años- el hecho de que un hombre "saque tiempo" de los asuntos mundanos y lo invierta en actividades espirituales es, en verdad, meritorio.

La sentencia "si no es ahora, ¿cuándo?" Se aplica también a pedidos específicos de ayuda. Shelomó nos dice: "No digas a tu prójimo Vete y regresa, y mañana te daré." Si un amigo viene a pedir prestado algo, no dilates innecesariamente la dádiva. Con mucha frecuencia, aun sabiendo muy bien que finalmente haremos la donación o prestaremos la herramienta solicitada, diferimos nuestra ayuda para que no resulte demasiado fácil. Algunos de nosotros tememos parecer muy "blandos" a "tontos". Esto, dice la tradición, no es correcto. Hazlo ahora, pues puede no haber un mañana, El tiempo no nos pertenece. No debemos, en consecuencia, darlo por sentado.

El Talmud relata un hecho de trágicas consecuencias por descuidar la demanda total del "ahora". Najum, un gran sabio, cabalgaba con sus asnos cargados de alimentos y otras provisiones, cuando un hombre pobre apareció en el camino y le rogó que le diera algo de comer. El sabio accedió pero pidió al hombre que aguardara hasta que descargara totalmente uno de sus asnos. Mientras lo hacía, el pobre hombre tuvo un colapso y murió. En el curso de nuestras vidas nos enfrentamos continuamente con desafíos y no nos es dado saber cuán vital puede ser el factor tiempo. Tengamos entonces, siempre presente que "si no es ahora, ¿cuándo?".

Se ha formulado una incesante explicación al hecho de que la tradición nunca prescribió una bendición antes de dar caridad, como lo hizo para la realización de la mayoría de las mitzvot. Imaginemos qué pasaría si existiese esta regla. Un hombre pobre golpearía a nuestra puerta y pediría algo de dinero o de alimento. Nosotros; iríamos en busca de un Sidur y recorreríamos sus páginas para encontrar la bendición correspondiente. Si eres muy piadoso, es probable que fueras a lavarte las manos antes de recitarla. Luego podrías caer en la cuenta de que la dijiste en forma inapropiada y tendrías que repetirla. Podría llegar a ocurrir que cuando finalmente te dispusieras a atender al pobre hombre, este ya hubiese muerto de hambre.

No, no hace falta ninguna bendición para practicar la caridad y no hay excusas para dilatarla.

Parasha Vayetse

LA CONSECUENCIA DE NUESTROS ACTOS
Por: Rab Amram Anidjar

El tratado de del Talmud, nos relata una historia que pasó con el anciano Hilel. Una vez vino un gentil a pedirle que le enseñara toda la Torá sobre una pierna, a lo que le respondió Hilel. Todo aquello que es odiado por tí, no se lo hagas a los demás.

El problema es que a veces una persona no sabe cuánto sufrimiento le está causando al otro, hasta que viene un tercero y le hace la misma cosa.

Por ejemplo, un niño no sabe cuánto sufrimiento le causa a sus padres al desobedecerlo, hasta que él se hace padre y experimenta la misma situación. Entonces será cuando él entienda lo que le hizo a sus padres.

Y así ocurre con un alumno travieso. No sabe el daño que les causa a sus maestros, hasta que él se hace docente y trata de controlar a sus alumnos traviesos.

En nuestra Parashá vemos tres ejemplos en los que la persona no siente la consecuencia de sus actos, hasta que alguien se los hace a él.

El primer ejemplo, es el caso de Yaakov, quien trabajó siete años por Rajel. El día que culminó de trabajar, le dio a Rajel unas señales para identificarla, y así evitar que Labán lo engañará.

El día de la boda, Labán le dijo a su hija Rajel, “rajeleate” de aquí (vete de aquí), porque tu hermana Lea será la novia. Y después serás tú. Rajel, al ver que no había otra opción, optó por revelarle las señales, que le había dado Yaakov, a su hermana Lea para que no se avergonzara. Al día siguiente Yaakov vio que le habían engañado y que le dieron a Lea como esposa en vez de Rajel. Entonces Yaakov le preguntó a Lea, ¿por qué me hiciste tal cosa, y te disfrazaste de Rajel, imitaste su voz, y me mentiste? Le respondió Lea: Tú también hiciste lo mismo con tu padre, te disfrazaste de Esav y tomaste lo que no te correspondía. Yaakov le dijo que lo hizo con buenas intenciones de recibir las bendiciones de su padre. Y Lea también le respondió igual, que sus intenciones eran buenas para que salieran de su vientre las tribus de Israel. (Bereshit Rabá Cap.70).

Al ver Yaakov que no tenía respuesta a ninguno de sus argumentos, no pudo divorciarla. ue entonces cuando llegó a sentir sobre su propia carne lo que había hecho a otros, y entendió mejor la consecuencia de sus actos.

El segundo ejemplo, también ocurrió con Yaakov. Una vez que escuchó a Lea, fue a reclamarle a Labán por sus acciones engañosas, ya que la ley era que la mayor estaba destinado para Esav y la menor para él. A lo que le respondió Labán: Como tú fuiste quien cambió el orden y tú te convertiste en el primogénito, entonces yo pensé en darte a la mayor y por eso te di a Lea. Y también pensé ahora en darle a Esav, la menor, Rajel. Aquí, otra vez, Yaakov entendió la consecuencia de sus actos.

El tercer ejemplo, le ocurrió a Labán. Labán era un gran mentiroso y abusador. A Yaakov le engaño muchas veces e inclusive le cambió su salario. Jamás Labán fue a dormir con su conciencia limpia. Y no solo con Yaakov se comportó de esa manera, sino también con todos los que conocía. Incluso a los vecinos de su pueblo, los engañó en la boda de su hija. Les dijo: Ustedes están invitados a la boda de mi hija con la condición que no le digan a Yaakov que esta es Lea y no Rajel. Los vecinos le aseguraron que no le iban a decir nada a Yaakov, pero Labán no les creyó, y por lo tanto, les exigió un objeto importante como garantía a su secreto. Entonces todos los vecinos fueron a llevarle a Labán ese objeto como garantía y así poder asistir a la boda. Labán al recibir tantas prendas valiosas fue a venderlas todas y con ese dinero pagó la boda de su hija.

Una vez fue Yaakov a donde Labán, contó el ganado y le dijo que todo el ganado que saliera con manchas iban a ser suyos y aquellos que nacieran sin manchas, iban a ser de Labán. En ese momento Labán observó su ganado, vio que la gran mayoría era sin manchas y por lo tanto aceptó el trato. Pero Yaakov puso pieles de vacas con manchas en los bebederos de las vacas y de repente, todas las crías que empezaron a nacer eran manchadas. Fue esta la primera vez que alguien engañaba a Labán y como si fuera poco, Rajel le robó todas sus estatuas de idolatría. Era la primera vez que Labán era robado. Y así fue que Yaakov se fue de casa de su suegro Labán sin siquiera informarle.

Labán siempre estuvo acostumbrado a ser el ladrón, el mentiroso, el que no pide permiso a nadie, pero cuando se invirtieron los papeles, empezóa sentir en su propia carne qué se siente al ser el atropellado.

Así les ocurre a las personas que no saben medir las consecuencias de sus actos. Que no saben el sufrimiento que le causan al otro, hasta que alguien se los hace a ellos.

El cuarto ejemplo ocurrió con Yosef. Cuando Yaakov llamó a todos sus hijos para bendecirlos, llamó a Yosef y le dijo que le dará el honor, la herencia y la bendición que le corresponde al primogénito, en vez de dársela a Reubén. Yosef cuando escuchó esto se alegró. Después Yaakov le pidió a Yosef que les trajera a sus dos hijos, Efraim y Menashé. Yaakov honró más al menor (Efraim) que al mayor (Menashé), colocó la mano derecha sobre Efraim y la izquierda sobre el primogénito. Esto le dolió a Yosef y le dijo a su padre que eso no era lo correcto. Al escuchar estas palabras, Yaakov le miró con extrañeza y le dijo: ¿Por qué cuando le quité el honor a tu hermano mayor Reubén te alegraste, y ahora que le quité el honor a tu hijo primogénito te duele?

La Torá nos enseña a sentir lo que al otro le duele, ponernos en el lugar de los demás, y todo lo que no nos gusta que nos hagan no debemos hacérselo a los demás.

A veces ocurre que cuentan un chiste sobre alguien, y nos reímos por su gracia. Pero si fuéramos nosotros los protagonistas de ese chiste, de seguro que no nos causaría risa.

O a veces ocurre cuando vienen a comprarte algo a tu tienda, que tú cobras el precio completo y anuncias que todo está a mitad de precio. Y te parece que es muy legal. Pero cuando tú eres el que va a comprar otra cosa a la tienda de alguien, dices que es muy carero, un ladrón, que todo lo que no ganó en el mes entero lo quiere ganar ahora contigo, etc.

Generalmente las personas durante la lectura de la Torá, están prestando atención y calladas, pero cuando llega el momento de Hashkabá o Misheberaj, todos empiezan hablar (explicaciones sobre la Parashá) y no escuchan, ya que creen que la Parashá es lo importante, pero el resto no. Sin embargo cuando le llega el turno a alguien del público subir a la Torá quiere que todos escuchen la Hashkabá por su padre o el Misheberaj por un familiar enfermo, para que todos respondan Amén en voz alta. Entonces es cuando sentimos y entendemos lo importante de escuchar todo.

“Que sea la voluntad de Dios que siempre estemos pendientes de lo que el otro necesita, que seamos sensibles para percibir lo que al otro agobia, para ir en su ayuda, y que todo aquello que no nos es placentero, nunca se lo hagamos a los demás. Incluso aquello que todavía no sabemos que es incómodo para el otro, tampoco se lo hagamos. Amén.”

Parasha Toledot

ESAV EL TONTO
Por: Rab Amram Anidjar

Está escrito en nuestra Parashá que Rivká amaba a Yaakov. Itzjak amaba a Esav. (Génesis 25:28). Lógicamente que no estamos hablando del amor natural que todos los padres sienten por sus hijos, Rivká amaba a los dos por igual y así también Itzjak. A lo que aquí se está refiriendo la Torá es, que Rivká quería que Yaakov siguiera esa cadena de Abraham e Itzjak, pero Itzjak quería que el que siguiera la cadena fuera Esav, como hijo primogénito que era.

El argumento de Rivká, era más lógico que el de Itzjak, ya que Yaakov era una persona estudiosa, justa, buena y correcta. “Ish Tam yoshev ohalim – Un hombre sencillo que se sentaba en las carpas a estudiar”, “Titen emet le Yaakov – Le dio la verdad (Torá) a Yaakov”. Por eso él era quien debía seguir esa cadena de oro y no Esav.

Si pensamos que Itzjak era muy ingenuo, estamos muy equivocados. Itzjak sabía todo lo malo que Esav hacía. El día en que murió Abraham, fue Esav y asesinó a Nimrod, después fue y violó a una muchacha comprometida (Baba Batra 16a), y, como si fuera poco, renegó de la resurrección de los muertos cuando le dijo a Yaakov que no fuese tonto en pensar que una persona que ya se pudrió en la tumba pueda resucitar (Pesikta 14:4). Itzjak también conocía a las mujeres de Esav, que eran malas, e incluso sabía que seguían haciendo idolatría. Entonces, ¿cómo es posible que Itzjak quisiera que su sucesor fuera Esav?

Para entender esto, debemos primero conocer que Dios es quien crea al hombre. Cuando Él lo crea, no lo hace malvado o justo. Lo que Dios sí predestina es si la persona será rica o pobre, inteligente o no, bonita o fea, alta o baja, etc. Pero si la persona será malvada o justa, solamente depende de sus propias decisiones. Tal y como está escrito “Hakol Min Hashamayim Juez Mi Yirat Shamayim – Todo proviene de los cielos, menos el temor a los cielos”.

La persona se asemeja a una tierra fértil. Si plantamos frutas, saldrán frutas buenas. Si plantamos drogas, obtendrás drogas. Si plantamos plantas venenosas, saldrá el mejor de los venenos. Dios le entregó al hombre un potencial, pero depende de cada uno, cómo explotar ese potencial.

Esav era una persona muy fuerte y poderosa, pero desafortunadamente usó su fuerza para el mal. Pero la esperanza de Itzjak Abinu era que algún día Esav se despertara de esa pesadilla que lo rodeaba, se diera cuenta de sus errores y empezara a mejorar su conducta. Cuando mejorara su conducta, entonces sería inigualable.

¿Y quién nos asegura que cuando Esav hiciera teshuvá, las mitzvot que realizara fueran de una manera especial?

Está escrito en el tratado del Talmud, dijo Rabán Shimón Ben Gamliel: Toda mi vida atendí y me preocupé por las necesidades de mi padre, pero no llegué ni siquiera a una centésima parte de cómo Esav honró a su padre Itzjak.

Así también están escritos en los Midrashim, distintos ejemplos de lo servicial que era Esav. Por ejemplo, Esav tenía mucha ropa especial, entre ellas la vestimenta hecha por Dios para Adam, que había pasado por herencia hasta Nimrod. Cuando Esav mató a Nimrod, se la quitó y la colgó en casa de su padre. Preguntan nuestros sabios ¿por qué la colgó en casa de su padre y no en su propia casa? Responden que la dejaba en casa de su padre, para que cada vez que entrara a servirle, lo hiciera con esa ropa cosida por Dios. ¡Qué honores le hizo a su padre!

También Esav era tan atento con su padre, hasta el punto que juró no matar a Yaakov (su máximo enemigo) para que su padre Itzjak no sufriera. Pero una vez que muriera, iría a matarlo.

Esav estaba dispuesto a estudiar Torá (que no creía en ella) con su padre, incluso participaba en el estudio preguntando si era necesario sacar Maaser de la sal, y cosas por el estilo, con tal de conseguir una pequeña sonrisa de alegría en Itzjak.

Cuando Esav se enteró que su padre estaba molesto con él porque se había casado con una Kenaanita (pueblo despreciado por Dios), fue inmediatamente y se casó con una de las hijas de Yishmael para calmar la furia de su padre.

Como es sabido, la cabeza de Esav está enterrada en Mearat Hamajpelá. ¿Por qué la cabeza de Esav tuvo el mérito de ser enterrada en ese lugar tan especial? El motivo es porque esa cabeza siempre se agachaba en la presencia de Itzjak.

Vemos entonces cómo Esav, verdaderamente, tenía muchísimo potencial para ser el mejor e inigualable, ya que era extremista, fanático, “talibán” en la práctica de sus ideales.

Imaginemos entonces, si los ideales de Esav hubieran sido ideales de Torá, hubiera salido de él un Gran Tzadik. Y es por eso que Itzjak siempre quiso que su sucesor fuera Esav. Tenía esperanza en que al ayudarlo, con mucho amor, enderezaría su camino y fuera el siguiente eslabón de esa milenaria cadena empezada por Abraham.

A dos personajes de todo el Tanaj, se les llamó “Admunim – rojizos”. Esav y el rey David. Está escrito que cuando el profeta Samuel vio a David que era rojizo, se asustó, porque pensó que era igual que Esav, hasta que Dios le dijo que era un rojizo, pero con buenos ojos. Con ideales puros y un potencial bien dirigido.

Si reflexionamos acerca de la vida de ambos, veremos que tuvieron muchas experiencias en común. Solamente que cada uno la supo dirigir de diferente manera.

Si vemos a Esav, él fue un rey muy poderoso. También David fue rey, pero de Am Israel. Esav era un asesino. David fue un asesino de los enemigos de Am Israel. Esav mató a Nimrod y David mató a Goliat. La diferencia es que Esav fue muy malo y David fue una persona muy justa.

Todo depende de hacia dónde queramos dirigir el potencial que Dios depositó en nosotros.

Resh Lakish fue el jefe de las mafias más grandes de ladrones de su época, hasta que vino Rab Yojanán , le enseñó Torá y se convirtió en uno de los más grandes rabinos que tuvo el pueblo de Israel y no en uno de los más grandes ladrones que tuvo la humanidad.

Para pesar de Itzjak, Esav su hijo nunca enderezó su camino. Por eso está escrito que Rivká ama a Yaakov, en presente. Sin embargo está escrito que Itzjak amó a Esav, en pasado, porque al final de sus días se dio cuenta que su hijo no tenía remedio, por lo que optó por darle las bendiciones a su hijo Yaakov.

También hoy en día existen muchas personas que son como Esav, con muchas fuerzas, muchas capacidades, un gran potencial de liderazgo e inteligentes, pero que, desafortunadamente no saben aprovechar esas habilidades para el bien. Abran sus ojos y vean cuánta fuerza tenemos escondida dentro de nosotros si la usamos para bien. En Israel existen, hoy en día, personas que eran actores, músicos, cantantes, comediantes, que usaban sus dones para pecar y hacer pecar a los demás y que ahora, gracias a Dios, usan sus fuerzas y sus habilidades dando charlas y conferencias a personas alejadas de la Torá. Vemos de aquí lo siguiente. Si decides plantar frutas en tu vida, obtendrás las mejores de las frutas, ya que eres un campo fértil y poseerás los árboles más frondosos y verdes existentes.

Para finalizar, está escrito en el tratado del Talmud: ¿Quién es un tonto? Aquel a quien le dan un objeto valioso y lo pierde. Esav era un tonto porque Dios le dio unas fuerzas especiales y no las supo cuidar. Botó todo a la basura, ya que las utilizó para hacer el mal. Esperamos que ninguno de nosotros sea tonto, sino que seamos inteligentes y utilicemos todo ese potencial, nuestra inteligencia, nuestras habilidades, nuestras cualidades para llegar a ser verdaderos servidores de Dios Bendito.

Que sea la voluntad de Dios que nos ayude a explotar nuestras fuerzas para nuestro bien y para el bien de Am Israel. Amén.