lunes, 12 de noviembre de 2007

Parasha Toledot

ESAV EL TONTO
Por: Rab Amram Anidjar

Está escrito en nuestra Parashá que Rivká amaba a Yaakov. Itzjak amaba a Esav. (Génesis 25:28). Lógicamente que no estamos hablando del amor natural que todos los padres sienten por sus hijos, Rivká amaba a los dos por igual y así también Itzjak. A lo que aquí se está refiriendo la Torá es, que Rivká quería que Yaakov siguiera esa cadena de Abraham e Itzjak, pero Itzjak quería que el que siguiera la cadena fuera Esav, como hijo primogénito que era.

El argumento de Rivká, era más lógico que el de Itzjak, ya que Yaakov era una persona estudiosa, justa, buena y correcta. “Ish Tam yoshev ohalim – Un hombre sencillo que se sentaba en las carpas a estudiar”, “Titen emet le Yaakov – Le dio la verdad (Torá) a Yaakov”. Por eso él era quien debía seguir esa cadena de oro y no Esav.

Si pensamos que Itzjak era muy ingenuo, estamos muy equivocados. Itzjak sabía todo lo malo que Esav hacía. El día en que murió Abraham, fue Esav y asesinó a Nimrod, después fue y violó a una muchacha comprometida (Baba Batra 16a), y, como si fuera poco, renegó de la resurrección de los muertos cuando le dijo a Yaakov que no fuese tonto en pensar que una persona que ya se pudrió en la tumba pueda resucitar (Pesikta 14:4). Itzjak también conocía a las mujeres de Esav, que eran malas, e incluso sabía que seguían haciendo idolatría. Entonces, ¿cómo es posible que Itzjak quisiera que su sucesor fuera Esav?

Para entender esto, debemos primero conocer que Dios es quien crea al hombre. Cuando Él lo crea, no lo hace malvado o justo. Lo que Dios sí predestina es si la persona será rica o pobre, inteligente o no, bonita o fea, alta o baja, etc. Pero si la persona será malvada o justa, solamente depende de sus propias decisiones. Tal y como está escrito “Hakol Min Hashamayim Juez Mi Yirat Shamayim – Todo proviene de los cielos, menos el temor a los cielos”.

La persona se asemeja a una tierra fértil. Si plantamos frutas, saldrán frutas buenas. Si plantamos drogas, obtendrás drogas. Si plantamos plantas venenosas, saldrá el mejor de los venenos. Dios le entregó al hombre un potencial, pero depende de cada uno, cómo explotar ese potencial.

Esav era una persona muy fuerte y poderosa, pero desafortunadamente usó su fuerza para el mal. Pero la esperanza de Itzjak Abinu era que algún día Esav se despertara de esa pesadilla que lo rodeaba, se diera cuenta de sus errores y empezara a mejorar su conducta. Cuando mejorara su conducta, entonces sería inigualable.

¿Y quién nos asegura que cuando Esav hiciera teshuvá, las mitzvot que realizara fueran de una manera especial?

Está escrito en el tratado del Talmud, dijo Rabán Shimón Ben Gamliel: Toda mi vida atendí y me preocupé por las necesidades de mi padre, pero no llegué ni siquiera a una centésima parte de cómo Esav honró a su padre Itzjak.

Así también están escritos en los Midrashim, distintos ejemplos de lo servicial que era Esav. Por ejemplo, Esav tenía mucha ropa especial, entre ellas la vestimenta hecha por Dios para Adam, que había pasado por herencia hasta Nimrod. Cuando Esav mató a Nimrod, se la quitó y la colgó en casa de su padre. Preguntan nuestros sabios ¿por qué la colgó en casa de su padre y no en su propia casa? Responden que la dejaba en casa de su padre, para que cada vez que entrara a servirle, lo hiciera con esa ropa cosida por Dios. ¡Qué honores le hizo a su padre!

También Esav era tan atento con su padre, hasta el punto que juró no matar a Yaakov (su máximo enemigo) para que su padre Itzjak no sufriera. Pero una vez que muriera, iría a matarlo.

Esav estaba dispuesto a estudiar Torá (que no creía en ella) con su padre, incluso participaba en el estudio preguntando si era necesario sacar Maaser de la sal, y cosas por el estilo, con tal de conseguir una pequeña sonrisa de alegría en Itzjak.

Cuando Esav se enteró que su padre estaba molesto con él porque se había casado con una Kenaanita (pueblo despreciado por Dios), fue inmediatamente y se casó con una de las hijas de Yishmael para calmar la furia de su padre.

Como es sabido, la cabeza de Esav está enterrada en Mearat Hamajpelá. ¿Por qué la cabeza de Esav tuvo el mérito de ser enterrada en ese lugar tan especial? El motivo es porque esa cabeza siempre se agachaba en la presencia de Itzjak.

Vemos entonces cómo Esav, verdaderamente, tenía muchísimo potencial para ser el mejor e inigualable, ya que era extremista, fanático, “talibán” en la práctica de sus ideales.

Imaginemos entonces, si los ideales de Esav hubieran sido ideales de Torá, hubiera salido de él un Gran Tzadik. Y es por eso que Itzjak siempre quiso que su sucesor fuera Esav. Tenía esperanza en que al ayudarlo, con mucho amor, enderezaría su camino y fuera el siguiente eslabón de esa milenaria cadena empezada por Abraham.

A dos personajes de todo el Tanaj, se les llamó “Admunim – rojizos”. Esav y el rey David. Está escrito que cuando el profeta Samuel vio a David que era rojizo, se asustó, porque pensó que era igual que Esav, hasta que Dios le dijo que era un rojizo, pero con buenos ojos. Con ideales puros y un potencial bien dirigido.

Si reflexionamos acerca de la vida de ambos, veremos que tuvieron muchas experiencias en común. Solamente que cada uno la supo dirigir de diferente manera.

Si vemos a Esav, él fue un rey muy poderoso. También David fue rey, pero de Am Israel. Esav era un asesino. David fue un asesino de los enemigos de Am Israel. Esav mató a Nimrod y David mató a Goliat. La diferencia es que Esav fue muy malo y David fue una persona muy justa.

Todo depende de hacia dónde queramos dirigir el potencial que Dios depositó en nosotros.

Resh Lakish fue el jefe de las mafias más grandes de ladrones de su época, hasta que vino Rab Yojanán , le enseñó Torá y se convirtió en uno de los más grandes rabinos que tuvo el pueblo de Israel y no en uno de los más grandes ladrones que tuvo la humanidad.

Para pesar de Itzjak, Esav su hijo nunca enderezó su camino. Por eso está escrito que Rivká ama a Yaakov, en presente. Sin embargo está escrito que Itzjak amó a Esav, en pasado, porque al final de sus días se dio cuenta que su hijo no tenía remedio, por lo que optó por darle las bendiciones a su hijo Yaakov.

También hoy en día existen muchas personas que son como Esav, con muchas fuerzas, muchas capacidades, un gran potencial de liderazgo e inteligentes, pero que, desafortunadamente no saben aprovechar esas habilidades para el bien. Abran sus ojos y vean cuánta fuerza tenemos escondida dentro de nosotros si la usamos para bien. En Israel existen, hoy en día, personas que eran actores, músicos, cantantes, comediantes, que usaban sus dones para pecar y hacer pecar a los demás y que ahora, gracias a Dios, usan sus fuerzas y sus habilidades dando charlas y conferencias a personas alejadas de la Torá. Vemos de aquí lo siguiente. Si decides plantar frutas en tu vida, obtendrás las mejores de las frutas, ya que eres un campo fértil y poseerás los árboles más frondosos y verdes existentes.

Para finalizar, está escrito en el tratado del Talmud: ¿Quién es un tonto? Aquel a quien le dan un objeto valioso y lo pierde. Esav era un tonto porque Dios le dio unas fuerzas especiales y no las supo cuidar. Botó todo a la basura, ya que las utilizó para hacer el mal. Esperamos que ninguno de nosotros sea tonto, sino que seamos inteligentes y utilicemos todo ese potencial, nuestra inteligencia, nuestras habilidades, nuestras cualidades para llegar a ser verdaderos servidores de Dios Bendito.

Que sea la voluntad de Dios que nos ayude a explotar nuestras fuerzas para nuestro bien y para el bien de Am Israel. Amén.

viernes, 26 de octubre de 2007

Parasha Vayera

UN BUEN AMIGO
Por Rab Amram Anidjar

Una de las cosas que una persona siempre busca en la vida es un buen amigo. Desde el jardín de infancia hasta la vejez. Queremos que sea una persona agradable, que nos de consejos, disfrutar de su compañía y pasar momentos de risa y juego con él.

Pero desafortunadamente, no todos saben escoger a sus amigos. A veces se dejan llevar porque es una persona chistosa, o fuerte o porque es millonario, y así hasta que son capaces de decir que ese es su mejor amigo, sin ni siquiera reflexionar en los mensajes que esa persona le transmite.

Pero así no se hacen los amigos. Ya nuestro Pirké Avot nos lo dijo, “Ukné Lejá Jaber – Y cómprate un amigo” ¿acaso existe una tienda de amigos? Seguramente que no, pero a lo que se está refiriendo es que de igual manera que compramos un carro o un traje o un apartamento, lo primero que hacemos es estudiarlo bien, si nos interesa su precio, su ubicación, sus características, etc., así debemos de hacer para seleccionar nuestras amistades. Debemos averiguar quién es, qué hace, qué le gusta, cuáles son sus cualidades, etc., y entonces será cuando reciba el título de un buen amigo.

En nuestra Parashá vino Abraham Abinu a enseñarnos qué es ser un buen amigo. Como es sabido, Dios se le reveló a Abraham en Eloné Mamré. ¿Por qué precisamente en la zona de Mamré y no en otra? Abraham tenía tres amigos, Anar, Eshkol y Mamré. En ese sitio le dijo Dios a Abraham que se hiciera la circuncisión. Una vez que escuchó Abraham esta encomienda de Dios, fue y le preguntó a sus amigos si hacérsela o no. Lógicamente no podemos decir que la intención de Abraham al preguntarle a sus amigos era dudar del Creador del mundo, sino que por el contrario él fue a probar quién era un buen amigo, ya que él sabía que un buen amigo es aquel que te ayuda a perfeccionarte, como lo decimos en hebreo “Lo Nikrá Shalem Ad Shemal – No se le considera perfecto hasta que se circuncida”.

Anar quien, como las iniciales de su nombre en hebreo lo indica, era un hombre con mala voluntad, le dijo a Abraham que no se hiciera la circuncisión.

Eshkol, como las iniciales de su nombre en hebreo indican, “solo un tonto se corta su propio cuerpo”, le aconsejó que no fuese un tonto.

Mamré le aconsejó que se hiciera la circuncisión, tal y como su nombre insinúa, “a quien se circuncida, Dios le cura”.

En ese instante entendió Abraham quien era su verdadero amigo, y así vemos por qué Dios se le apareció a Abraham en Eloné Mamré, que era la zona donde vivía Mamré, ya que Abraham decidió vivir cerca de un buen amigo y alejado de los que no eran realmente sus amigos.

De igual manera vemos cómo Abraham aleja a todos sus familiares del peligro, al ver que Lot estaba robando de campos ajenos y le dijo que se fuera de su lado, no vaya a ser que influencie mal a su gente, a sus esclavos, esclavas e incluso a Abraham mismo.

También lo hizo con su propio hijo Yishmael, al ver que era una mala junta para su otro hijo Itzjak, ya que le estaba enseñando a asesinar, a tener relaciones prohibidas e incluso a adorar otros dioses. Entonces optó por mandarlos lejos, a Hagar (su madre) y a Yishmael, con tal de que no mal educaran a Itzjak. Vemos entonces que desde el principio y hasta el final de la Parashá, nos está enseñando quién es un buen amigo y quién no lo es. Para que nosotros sepamos y estemos pendientes de no ser llevados por la corriente, y por los lavados de cerebro que vivimos diariamente, debemos de cuidarnos. Tal y como dice el refrán, díme con quien andas y te diré quien eres ( ).

Por eso dijo el rey David en su libro “Jaber Ani Alkol Asher Yerauja – Soy amigo de todo aquel que Te tema”.

¿Qué significa Jaber Tov (Buen Amigo)? Si analizamos la palabra Jaber (amigo) viene de la palabra Jibur (unión). Y la palabra Tov (Buen), se refiere a la Torá, tal y como está escrito “Ki Lekaj Tov Natati Lajem Toratí Al Taazobu – Porque buenas son mis enseñanzas, a mi Torá no la abandonen”. Por lo tanto, un buen amigo es aquel que me ayuda a unirme a las enseñanzas de la Torá y aquel que me ayuda a llevarlas a cabo. Sin embargo, aquel que me insita a abandonarla es un mal amigo.

Por ejemplo, una persona que insita a otra a abandonar la casa de sus padres y a vivir en las calles, ¿acaso podríamos pensar que ese es un buen amigo? Seguro que no. O, si por ejemplo, una persona que provoca a otra que fume drogas, ¿acaso es eso un buen amigo? O también si lo convence a robar dinero, seguramente que no es un buen amigo.

Tonto sería aquel que llegase a pensar que si se fuera de casa de sus padres le iría mejor, ya que se sentiría más libre. O si fuma drogas se sentirá como flotando en las nubes. O si roba dinero es bueno porque entonces tendrá más poder adquisitivo. El final de todo esto es muy malo y amargo. Así igual ocurre con un amigo que trata de convencer al otro de abandonar la casa de Dios, la casa de nuestro Padre que se encuentra en los cielos, la casa de estudio, la sinagoga y lo lleva a hacer pecados, a drogar su alma, a robar su vida eterna. Ni siquiera aquel que pide solo que lo acompañen a hacer sus malas acciones, se le puede considerar como un buen amigo porque conocemos el final de esa compañía.

Amigo es aquel que te ayuda a llegar al Gan Eden, a acercarte a Dios, a ser un judío como Abraham. Debemos estar pendientes siempre de las amistades de nuestros maridos, de nuestras esposas. Saber qué es lo que le están transmitiendo a ellos. Y en especial, hay que hacer énfasis en las amistades de nuestros hijos. Quiénes son, adónde los llevan, y qué tipo de mensajes les transmiten, etc.

Cuantas veces no hemos visto familias espléndidas, con hijos justos y buenos y bastó con que viniera un mal amigo para que se destruyera y se arruinara todo lo que los padres y los maestros le habían inculcado desde chiquito. Todo se botó a la basura, por una mala compañía o una mala sociedad. Dios nos guarde.

Pero si los padres se encuentran en una situación, Dios no lo quiera, donde observan que sus hijos se están haciendo amigos de personas no deseables, o se encuentran en una vecindad donde la influencia es negativa, entonces deben irse del sitio y procurar juntarse con gente buena y tratar de conseguir amigos buenos para que sus hijos se unan a ellos. A lo mejor les ocurre el milagro de Resh Lakish.

Resh Lakish fue uno de los sabios más importantes de la época de la Guemará. Cuando era pequeño sus amistades eran personas ladronas; con el tiempo se volvió el jefe de las pandillas de robo de su ciudad, ya que se convirtió en el ladrón número uno. Una vez se encontró con Rab Yojanán y se hizo muy amigo de él. Poco a poco se empezó, Resh Lakish, a convertir en un gran rabino de Israel. Rab Yojanán triunfó con él, ya que empezó a aconsejarle bien, y lo hizo amigo de los que de verdad se consideran amigos, y poco a poco lo convirtió en una persona que tenía Torá y Derej Eretz (Buenos Modales), hasta que finalmente se convirtió en uno de los sabios más grande que ha tenido Israel.

Que sea la voluntad de Dios que nos ayude a encontrar buenos amigos, que sean amigos como los de la infancia y que nos duren hasta la vejez. Y que a nuestros hijos e hijas los ayude a desenvolverse en una sociedad buena y sana. Amén.

viernes, 19 de octubre de 2007

Parasha Lej-Leja

RIQUEZA O JUSTICIA
Por: Rab Amram Anidjar

A lo largo de las parashiot de la semana leemos siempre sobre distintos personajes. Lo que hicieron, lo que dijeron, lo que les ocurrió al principio y al final, etc. Toda esta información que la Torá nos transmitió, tuvo un solo objetivo. Darnos parámetros de comparación, para que nos revisemos y sepamos a quién nosotros nos estamos pareciendo con nuestros actos. Las enseñanzas de quién, estamos siguiendo.

En nuestra Parashá encontraremos dos personajes principales: Abraham Abinu y Lot. Vamos a analizar la vida de ambos y nos daremos cuenta de la gran diferencia existente entre ellos.

Pero antes de esto, es importante citar una Guemará ( ) que relata una anécdota de Alexander Mokdon (Alejandro Magno). Una vez viajó a una tierra lejana y visitó el palacio del rey de esa población. Cuando llegó a la sala donde se encontraba el rey, observó que este estaba resolviendo un juicio en el que dos personas discutían sobre un tesoro encontrado en un terreno que uno le vendió al otro. Pero a diferencia de los demás juicios, el vendedor decía que el tesoro le pertenecía al comprador, ya que él adquirió la tierra y todo lo que había dentro de ella. Y el otro decía que él solamente había comprado la tierra y no otra cosa. Ante esta situación, Alexander no podía creer lo que sus oídos escuchaban. El rey entonces pensó un rato y le preguntó al vendedor si tenía un hijo soltero, a lo que éste respondió afirmativamente. Luego le preguntó al comprador si tenía una hija soltera, a lo que también le respondió afirmativamente. Entonces dio su veredicto diciendo que ambos hijos se casen y el tesoro será para ellos. De esta forma todos quedarán felices.

Una vez que dio ese veredicto, observó el rey la cara de extrañeza del huésped Alexander, y le preguntó si había decidido mal. A lo que Alexander respondió que sí había hecho mal. Entonces el rey le preguntó, ¿qué hubieses decidido tú? Alexander le dijo, yo hubiese mandado a matar a ambos y me hubiera quedado con todo el dinero. Al escuchar esto el rey le dijo, ¿acaso por donde ustedes viven hay lluvias? Dijo Alexander que sí. Luego le volvió a preguntar, ¿acaso donde ustedes viven sale el sol? Dijo Alexander que sí. Entonces el rey le respondió, quiero que sepas que si hay lluvias y si el sol sale cada mañana en tu tierra, es por el mérito de las bestias y de los animales que los acompañan, y no por tu propio mérito.

En esta anécdota vemos que existen dos tipos de personas. Uno que desea el dinero y se controla, y el otro que también lo desea sin importarle ninguna otra cosa.

Lo mismo ocurre en nuestra Parashá. Hay dos personajes, uno es Abraham que se conformaba con lo que tenía, y el otro era Lot, a quien su deseo por el dinero lo sacaba de este mundo.

Si analizamos la vida de Abraham nos encontraremos con que Dios le dijo, véte de tu tierra, dirígete a Kenaan y no te preocupes que te bendeciré con todo lo mejor. Y al final, cuando llegó a Kenaan que era una tierra rica en oro y plata, vino la época de sequía y hambre. De esta forma Dios probó a Abraham, ya que quería ver quién era él. Si en verdad deseaba nada más que el dinero, o simplemente no le importaban las condiciones materiales con tal de estar cerca de Dios. Y así fue, nunca se quejó de nada, más bien no abría su boca para cosas malas, sino para agradecer constantemente a Dios y para hacer tefilá.

El dinero para Abraham era como un medio para llegar al objetivo. Su ambición no era ser millonario, sino utilizar el dinero para santificar el nombre de Dios en público.

Abraham era tan correcto, que cuando salía a pastorear su ganado, le ponía bozales para evitar que comieran de campos ajenos. Imaginémonos lo difícil que era el trabajo de un pastor como Abraham, abrir los bozales a cada una de sus ovejas en los campos de nadie, y cada vez que atravesaban por campos ajenos colocarle de vuelta sus bozales. Pero para Abraham no era difícil, lo importante era no robar a nadie lo suyo. Y alegrarse con lo que le daba Dios.

En una guerra que se desató contra algunos reyes, Abraham salió triunfante y volvió con un botín muy grande. A pesar de que todo ese botín le pertenecía legalmente a Abraham, este alzó sus manos al cielo y juró que no tomaría de esos tesoros conquistados ni siquiera una aguja de coser, especialmente para evitar que el rey de Sodoma el día de mañana dijera que todas las riquezas poseídas por Abraham fueron gracias al mérito de su reinado en Sodoma. Y eso traería como consecuencia que el honor de Dios se disminuiría ante las demás personas.

Para Abraham Abinu no le era suficiente con actuar correctamente, no sacándole nada a nadie, que a él no le perteneciera, sino que además ponía dinero de su propio bolsillo para los demás. Montó una casa de huéspedes completamente gratis en Beer-Sheva, donde ofrecía comida, bebida y una habitación para dormir. La condición era agradecer a Dios, creer en Él y no en la idolatría. Sin contar a los huéspedes que él mismo recibía en casa, como aquel día que vinieron tres ángeles disfrazados de árabes, estando enfermo y débil fue Abraham y degolló tres vacas, las preparó, las cocinó y se las sirvió con mucha alegría. Todos estos actos los hacía, por amor a Dios.

Sin embargo, por otro lado encontramos a LOT, que desde el principio de la Parashá nos damos cuenta como lo único que deseaba era ganarse el LOT-O. Totalmente opuesto a Abraham. La Torá nos dice que “…se fue Abraham y con él su sobrino Lot. Abraham tenía 75 años”. ¿Qué tiene que ver el principio del pasuk con el final? Explica un comentarista llamado Baal Eshkol Anabim, que Lot sabía que como Abraham ya tenía 75 años y estaba envejeciendo, ya no tendría hijos y como consecuencia toda la herencia pasaría a manos de él, por ser su sobrino. Vemos como Lot desde el primer momento solo piensa en dinero, herencia y poder.

Cuando la suerte le empezó a alumbrar la vida a Lot, ya que tenía ganado, esclavos, etc. nos relata la Torá acerca de una pelea que hubo entre los pastores de Abraham y los pastores de Lot. Los pastores de Lot estaban permitiendo al ganado comer en campos ajenos, bajo su autorización. Los pastores de Abraham se opusieron, ya que eso era robo y en especial cuando la misma Torá hacía hincapié que esa era la tierra de los Kenaaneos y de los Fariseos, explicando Rashí que Abraham todavía no había adquirido esos terrenos. Vemos entonces como Lot pensaba que todo aquello que le iba a pertenecer a Abraham en un futuro, primero que ya era suyo como único heredero y segundo que desde ahora ya lo podía empezar a utilizar porque todo lo que fuera a ser entregado, desde ahora ya es suyo.

Entonces es cuando viene la separación y Lot escoge irse a Sodoma. ¿Por qué ese sitio específicamente? La respuesta es porque allá, en ese sitio, es donde se puede guardar bien todos los bienes, ya que los pobres no podían pasar a esa ciudad, y tampoco los huéspedes podían. Era el lugar perfecto para guardar bien el dinero. Se juntó el hambre con las ganas de comer. Además agrega el Sefer Haparashiot ( ) que Lot se casó a una edad muy tardía, porque temía que la que fuese su esposa le malgastaría su dinero. Hasta que consiguió a una mujer demasiado tacaña y allí fue cuando verdaderamente se cumplió el refrán, “se juntó el hambre con las ganas de comer”.

Para Abraham, el dinero era como un medio para acercarse a Dios, pero para Lot el dinero era un motivo para alejarse de Dios. Tal y como lo explica Rashí sobre el pasuk “Nisá Lot Mikedem”. Que renegó no solo de Abraham sino que también de Dios.

Se pude decir que el pasuk de Proverbios ( ) “Osé Osher Velo Bemishpat, Bejatzi Yamav Yaazbenu Ubeajaritó Yihye Nabal - El que hace riquezas sin justicia, a la mitad de sus días lo abandonará y al final será un corrupto”, fue plenamente dedicado a Lot. Sin embargo a Abraham se le puede adjudicar el pasuk que dice “Rodef Tzedaká Vajesed, Yimtzá Jayim Tzedaká VeKabod – El que persigue hacer el bien y dar caridad, encontrará vida, caridad y honor” (Proverbios 21).

Veamos qué pasó con estos dos personajes. Lot perdió a su hija en Sodoma por haberle dado comida a un pobre (Midrash). Perdió a su esposa cuando se volteó y se hizo una estatua de sal. Perdió todas sus posesiones al ser destruida Sodoma. Además perdió a sus otras hijas con sus esposos respectivos, ya que no salieron antes de la destrucción. Solamente salieron con él dos de las cinco hijas que tenía. Y para culminar de ensuciar su nombre, se acostó con una de sus hijas, en una cueva, y nació un niño que era su hijo y su nieto a la vez.

Pero Abraham era todo lo contrario. Su ganado fue en ascenso, tuvo muchos esclavos y esclavas, honores, cada día estaba más cerca de Dios, tuvo un hijo como Itzjak, un nieto como Yaakov, las doce tribus, Am Israel, santidad. Todas las bendiciones de Dios obtuvo.

De todo esto debemos aprender una gran moraleja para nuestras vidas. Todos queremos dinero, pero la pregunta es: ¿Para qué? ¿Queremos dinero para acercarnos a Dios, para hacer más actos de bondad, para tener más tiempo libre para ir a estudiar Torá? ¿O acaso queremos el dinero para abandonar a Dios, para tener más tiendas, abrir en Shabat y en Yom Tov, dejar de ir a Shajrit, para hacer más dinero abriendo antes y dejando de ir a Minjá cerrando más tarde? En dinero como este no hay bendición, no hay prosperidad, no hay alegría y lo peor de todo es, que ese dinero no termina bien. En cambio en el dinero que se gana de una forma permitida, hay mucha bendición y abundancia. Este es el dinero que deja bastante satisfacción y santifica el nombre de Dios en la tierra.

“Que sea la voluntad de Dios que nos ayude en nuestra manutención, que seamos siempre correctos en nuestros quehaceres diarios, que brindemos el bien a las personas, y así de esta forma sirvamos adecuadamente a Dios con más Tefilá y más Torá. Así aseguraremos que Dios nos multiplique nuestra riqueza para acercarnos más y más a Él”. Amén.